viernes, 25 de septiembre de 2015

Todo acerca de mi torturador. ROMO

Romo: la banalidad del mal

http://www.dilemas.cl/art2/memoria/2126-romo-la-banalidad-del-mal.html




“Donde todos son culpables, nadie lo es; 
confesiones de culpabilidad colectiva son la mejor protección posible 
contra el descubrimiento de los culpables y la propia magnitud de la delincuencia 
la mejor excusa para no hacer nada “
(Hanna Arendt)
Osvaldo Enrique Romo Mena, nació un 20 de abril de 1938, en un hogar sencillo conformado por sus padres Luis Romo e Inés Mena. De su infancia no se sabe mucho seguramente vivió estrechez económica, necesidades y carencias afectivas.
Su figura alta y maciza, era familiar en los campamentos poblacionales controlados por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), como Vietnam Heroico, Nueva La Habana y Lulo Pinochet entre otros.
Famoso como el Comandante Raúl, se destacó como un intransigente dirigente poblacional durante el gobierno de Salvador Allende Gossens. Militaba en la Unión Socialista Popular (USOPO), partido de que no formaba parte de la Unidad Popular, aun cuando había cercanía en sus posiciones.
Romo Mena, se fue ganando la confianza, la amistad de los vecinos y sus compañeros de militancia a tal nivel, que hacia 1973, fue inscrito por su partido a las elecciones parlamentarias de marzo de ese año como candidato a Diputado, por el distrito de Llanquihue y Puerto Varas. El resultado: Romo Mena obtuvo solamente 92 votos.
Unos meses más tarde, tras el 11 de septiembre de 1973,  se convertiría en un personaje fundamental de la represión dictatorial en la década de los años 70. Apareció en el campamento Lulo Pinochet, vestido de suboficial, identificando a militantes de izquierda: el otrora Comandante Raúl se transformaría en el Guatón Romo, figura macabra, tenebrosa, solapada y temida entre los detenidos.
Detenido por efectivos de Investigaciones y con algunos trabajos esporádicos de seguridad en Madeco, fue la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) quien lo reclutó en mayo de 1974 para las filas de la brigada Halcón convirtiéndolo en delator, interrogador, torturador y verdugo. Dificultosamente el “ciudadano” Romo Mena habría llegado ahí de no haber sido un sujeto rastrero y funcional. Algunas versiones, no obstante, lo tachan como agente encubierto de las fuerzas militares desde mucho antes del golpe, ese es uno de los tantos misterios por resolver.
"Salvaje", “sádico” y "cruel" son sólo algunos de los calificativos que reiteran las víctimas cuando describen a Osvaldo Romo Mena, o mejor dicho, el Guatón Romo, responsable de desapariciones y torturas. En declaraciones judiciales reconoce que detuvo a  decenas de militantes del MIR, integrando el mencionado grupo Halcón de la DINA.
Pero qué clase de persona, que clase de ser humano es capaz de sobrepasar y romper todos los límites posibles conocidos en la historia de la humanidad.
¿Qué relación existía entre el sujeto y el agente miserable? ¿Alcanza el contexto a convertir a un sujeto normal en una bestia humana? ¿Cuánta debilidad, cuánto de psicopatía? Seguramente estas preguntas y muchas más se habrá realizado  Hannah Arendt a propósito de Eichmann y que también pueden hacerse a propósito de  Astiz, Romo, Krassnoff y tantos otros.
Para Arendt, el teniente coronel Otto Adolf Eichmann no presentaba rasgos de una personalidad retorcida y/o enferma. Actuó estrictamente por deseo de ascender en su carrera profesional y sus actos fueron resultado del cumplimiento de órdenes de superiores. Para Eichmann, todo era realizado con celo y eficiencia, y no había en él un sentimiento de «bien» o «mal». De hecho en el juicio no mostró ni culpa ni odio, alegando que él no tenía ninguna responsabilidad porque estaba simplemente "haciendo su trabajo". Él cumplió con su deber, no sólo obedeció las órdenes, que también obedeció a la ley.
Similares palabras son las declaraciones de Alfredo Astiz (el ángel rubio), oficial argentino de los grupos de tareas, “Yo nunca torturé. No me correspondía. ¿Si hubiera torturado si me hubieran mandado? Sí, claro que sí. Yo digo que a mí la Armada me enseñó a destruir. No me enseñaron a construir, me enseñaron a destruir. Sé poner minas y bombas, sé infiltrarme, sé desarmar una organización, sé matar. Todo eso lo sé hacer bien. Yo digo siempre: soy bruto, pero tuve un solo acto de lucidez en mi vida, que fue meterme en la Armada. Yo a los montoneros los respeto, eran el enemigo”. Y prosigue “al único que no respeto es a Firmenich, el único odio en serio que tengo en la vida es Firmenich. Se me escapó por cinco minutos. Fue una de las veces que volví llorando de un operativo. Lo teníamos ahí, y si lo agarrábamos los hacíamos mierda. Y cuando llegamos a la casa se había ido hacía cinco minutos. Después dicen que estaba arreglado con nosotros. Te juro que yo tenía orden de reventarlo si lo agarraba”.
Para Romo Mena y su relación con los desaparecidos, expresa lo siguiente “están desaparecidos en Chile mucha gente; pero desaparecidos, yo nunca he visto un desaparecido; yo anduve en todo el mundo después del, después que salí de la DINA, yo fui pal África, estuve en Alemania, estuve en varios países y nunca vi un desaparecido”. Agrega que solamente “era un perno de una máquina. Claro yo fui una parte de la máquina. Pero yo no fui el de la máquina toda. Yo no fui el engranaje de la máquina”.
Para Arendt, Eichmann no era el «monstruo», los actos no eran disculpables, pero estos actos no fueron realizados porque estuviese dotado de una inmensa capacidad para la crueldad, sino por ser un burócrata, un operario dentro de un sistema basado en los actos de exterminio. Al revisar y cotejar estos testimonios claramente queda claro, que ninguno asume una responsabilidad individual, es más aluden a algo colectivo que no queda de todo claro. Seguro que es el Estado y todo su poder disciplinante.
Tres testimonios, tres historias, tres momentos históricos diferentes. A partir de lo anterior es dable rescatar el concepto de Arendt, la «banalidad del mal» para expresar que algunos individuos actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos. No se preocupan por los efectos de sus actos, sólo los mueve el deber y las órdenes.
El resultado de estas historias para la humanidad han tenido diferentes resultados, Eichmann fue ahorcado en 1962 luego del juicio realizado en Israel por Crímenes de Lesa Humanidad; Astiz cumple prisión perpetua por Crímenes de Lesa Humanidad; Romo Mena falleció en el año 2007, cumpliendo prisión por sólo algunas causas de derechos humanos.
De hecho en Chile, existe una cifra cercana a las 1000 personas procesadas por delitos contra los Derechos Humanos pero sólo 60 aproximadamente cumple pena efectiva. En cambio, en Argentina existe una cifra cercana a 600 personas condenadas por Crímenes por Lesa Humanidad. A lo que hay que agregar, entre otras medidas, el desmonte de las fotografías de generales en las escuelas matrices por estar involucrados en los procesos de guerra sucia.
Qué falta para cortar la banalidad del mal en nuestro país. No cabe duda que el Estado asuma la voluntad ética y política de romper desde el mismo Estado los pactos de silencio–cómplice; restaurar las reparaciones integrales a los presos políticos; erigir monumentos que recuerden los lugares de la memoria; diseñar mallas y planes curriculares para educar en derechos humanos desde la educación básica hasta las escuelas matrices de la defensa nacional; abrir todos los archivos sin excepción, que se conozca y se sepa esa historia, que es nuestra historia y esa memoria, instaurando una memoria no museológica sino una memoria de construcción democrática, popular y participativa.
Qué queda de la memoria de Romo Mena, unas cajas conteniendo cuadernos, hojas sueltas escritas a manos seguramente con faltas de ortografía, con rayones que fueron escritas durante su estadía de siete años en el Penal Punta Peuco.
Osvaldo Enrique Romo Mena, el comandante Raúl, el Guatón Romo, escribe a mano, "a mis amables lectores, debo de dar inicio a este escrito con bastante cariño y devoción (...) Hoy yo llego a empañar los cristales de mi lente, que son los que ayudan mi visión, esto es porque llego a las lagrimas, de un hombre duro, pero que tengo a pesar de que me las quiera dar de lo que muchos me dijeron de mi que era duro pero hoy me pongo en posición de poder yo recordar".
“La Debilidad perdona, la Verdad no; 
el odio al mal es un deber… 
Cuando todos perdonan, yo acuso, 
cuando todos absuelven, yo denuncio;
 yo no perdono el Crimen”
(José Vargas Vila)
Andrés Vera Quiroz
Julio 2015


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